[OPINIÓN] Humanismo, Progresismo y Reformismo: ¿Un definitivo abandono al cristianismo?

Por Marco Guerra
Director Ejecutivo
Fundación Desarrolla*

Hace algunos pocos días se ha presentado una propuesta de ex partidarios de la Democracia Cristiana (DC) a la cual han llamado «Humanismo, Progresismo y Reformismo». En la opinión de muchos esta denominación no parece ser muy afortunada. Se pensaba que estos ex partidarios representaban el ala conservadora de la DC y que, por lo tanto, con mayor apego a la doctrina social de la Iglesia Católica. Sin embargo, esta denominación indica un camino diametralmente opuesto al conservadurismo, tan así que se presta para que los observadores de afuera (outsiders) se sientan confundidos respecto de lo que busca este movimiento.

Aunque se puede revindicar el concepto de un humanismo más integral y que considera que existe algo diferente al reduccionismo materialista: el llamado «humanismo cristiano», también es cierto que los representantes DC de este tipo de humanismo terminaron en el congreso promoviendo y votando de la misma forma que el «otro humanismo»; por lo cual en la práctica se hace difícil diferenciarlos.

Lo que queda claro es que este movimiento abandona toda pretensión de buscar la identificación con el cristianismo. La otrora motivación para la búsqueda del poder político mediante los principios cristianos ya no les es suficiente, de tal manera que las banderas ideológicas se cambian por otras de un corte muy diferente. Todos sabemos lo que significa «Humanismo y Progresismo». Para los cristianos esto es equivalente a centrar toda acción política en el hombre y buscar su progreso en donde el hombre es la medida de todas las cosas. Muy parecido al estilo que ha caracterizado a la izquierda militante. Así, lo que un lector desprevenido pudiese esperar de este movimiento es más de lo mismo que hemos visto en la DC.

El humanismo ha demostrado su gran capacidad para destruir la influencia cristiana en occidente; ha demostrado que en el nombre de una sociedad “humanizada”, laicista, ha despojado a nuestros países de los conceptos de vida, sexualidad, familia, cristiandad, etc., para finalmente terminar ridiculizando la concepción cristiana de la sociedad.

La DC chilena es un perfecto ejemplo y una demostración tangible de como la perforación de sus ideales cristianos, mediante el discurso humanista, ha terminado por desbaratarla y desfigurarla frente a sus electores naturales (los cristianos). Ya no es el Partido Demócrata Cristiano de los cristianos. Es el Partido Demócrata Humanista. El progresismo de esta facción partidaria ha hecho que tales ideales ahora puedan abarcar el aborto en 3 causales (¿defenderán también el aborto libre?), la ideología de género, el matrimonio igualitario, y un largo etcétera. Demostrando en sus hechos que el corsé de “cristiano” les ha quedado estrecho.

Para tristeza de muchos, este partido dejó de lado su esencia y que la hacía diferente a los partidos de izquierda: el ser un partido cristiano.

No es sorpresa escuchar decir a sus dirigentes, en un vano intento de salvar lo que queda, de que definen su esencia como de «centro izquierda». Pero eso no existe: La DC es de centro, o no es DC. La mayor crisis de la DC no es numeraria, sino identitaria: No tiene identidad, no tiene domicilio político propio. No tiene razón de ser que explicar a sus militantes. Muy bien podría llamarse Democracia Humanista, o Democracia Socialista, daría lo mismo.

Es por eso que la denominación escogida por estos «ex DC» confunde. Al declarase humanistas están renegando de, o al menos relegando, su fe cristiana. Al parecer ya no les es conveniente declararse cristianos, pues demanda un comportamiento y conductas cuya expresión no puede ocultar el gusto y amor por el poder en sí mismo. En los tiempos que corren «ser cristiano» parece no ser un activo político o no ser conveniente. Estos mismos actores olvidan que hay una gran mayoría silenciosa que se considera a sí mismo cristiana pero que hoy no tiene una voz de expresión en la política que los convoque.

Tratar de explicar este cambio de contexto nos obliga a considerar que, entre las posibilidades, se esté intentado desesperadamente conseguir financiamiento. El financiamiento de la política progresista es notorio, mientras que el financiamiento de la política cristiana no existe. Al parecer se justifica con creces llamarse Humanistas Progresistas.

Estos actores políticos, artificialmente inflados por la conveniencia y el financiamiento, pueden exclamar, en contra del alma cristiana y chilena: ¡el cristianismo ha muerto, viva el humanismo progresista! Pero olvidan, con ligereza, que la resurrección sigue siendo una marca distintiva en el cristianismo, y esta alegría puede que no les dure más de tres días ¿cuándo esta resurrección ocurra, los veremos nuevamente retomando los valores cristianos? ¿de vuelta entre aquellos que nunca apostataron? ¿cambiaran su nombre una vez más? ¿tendrán ahora el valor de llamarse «cristianos»?

Por último ¿qué quieren decir con «Reformismo»? ¿Acaso su fértil imaginación pretende cambiar al nefasto humanismo, limitar o cambiar la corriente que lleva el progresismo? ¿Qué es lo que se pretende reformar? ¿la Iglesia Católica? ¿a los creyentes neo marxistas? ¿a los ideólogos del género? La palabra «Reformismo» suena, hoy por hoy, anacrónica y tardía. Suena a conformismo con los cambios artificiales que se están promoviendo desde el exterior en nombre de unos fantasiosos y auto inventados derechos civiles que no son otra cosa que totalitarismo disfrazado.

Debemos hacer notar que es positivo que no se declaren «cristianos» pues así no confunden a esa mayoría silenciosa, haciéndoles pensar que ellos están para defender tales valores y principios. Hemos de esperar a otro movimiento, más cercano, que cuando use la palabra «cristiano» sea consciente de la gran responsabilidad que significa enarbolarla.

Ser cristiano hoy en día, puede significar el desprecio de antiguos amigos que hoy caminan por el ancho camino del humanismo y el progresismo, ese camino en «donde todos caben», no importando si con eso, niega todo conocimiento, y aliena su mente a toda ciencia y sensatez; sobre todo, niega esa fe que hace algún tiempo le fuera tan significativa, y que le motivó para buscar en la política y en la plaza pública, ayudar a aliviar la miseria de la humanidad.

* La columna fue publicada originalmente en el blog de Fundación Desarrolla, con permiso para Cosmovisión.

 

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