[OPINIÓN] Estamos perdiendo a los hijos

FOTO: Viva Vida Perú

Carol Espinaza
Periodista
Directora de UMICH
@umichile

Hace poco se hizo viral el caso de una niña de 12 años que, junto a su hermana de 5, huyó de casa ante la corrección de su madre y escucharla decir reiteradamente: “Me tienen harta”. La madre desesperada y arrepentida hacía un llamado para que la niña regresara al hogar. Esta situación es más común de lo que parece. Sin darnos cuenta estamos perdiendo a nuestros hijos. Perdiendo generaciones que deciden tomar su propio camino, lejos nuestro, lejos de nuestros valores, lejos de nuestra FE.

Padres ocupados, cansados, estresados. Padres ausentes y abuelas que asumen roles que no les compete y que cumplen con seria dificultad. Extensas horas laborales, largo recorrido de regreso a casa, incesantes mensajes por redes sociales, roban cada día más tiempo al entorno familiar. Y como los niños ya no tienen ese tiempo que necesitan para ser escuchados o compartir, conversar, jugar juntos, entonces buscan ese tiempo fuera de casa, muchas veces estando en ella. Se abre para ellos todo un mundo virtual que les atrapa.

Los elementos externos son demasiado atractivos para niños y adolescentes. Afuera tienen amigos, oídos para ser escuchados, personas que les consideran importantes y que les transmitirán nuevos mensajes, entregándoles causas que ellos tomarán para estar dispuestos a vivir y morir por ellas.
Cuando miremos a nuestro alrededor, ellos ya se habrán ido, tal vez estarán ahí físicamente pero su corazón, mente, intenciones, pertenecerán a otro; el objetivo de su vida caminará por un sendero distinto al nuestro.

¡No podemos perder más generaciones! Si tan sólo les consideráramos en nuestras actividades diarias, los incluyéramos en nuestras reuniones, les diéramos lugar en nuestras marchas, escucháramos lo que piensan, respondiéramos sus dudas, corrigiéramos su conducta, oráramos por ellos, pero también les incentiváramos a que ellos lo hicieran, tendríamos más hijos y también más discípulos de Cristo.

Si les compartiéramos nuestro testimonio de Salvación junto a un rico helado, seguro les llevaríamos a anhelar también al Salvador.

Papá, mamá: ¡No perdamos más generaciones!

“Contaremos a la generación venidera las alabanzas del SEÑOR, su poder y las maravillas que hizo”, Salmo 78:4

 

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